Respeto a la vida, dignidad, libertad y justicia no son sólo palabras, son una forma de vida. De lo aprendido en la Escuelita Zapatista.

Respeto a la vida, dignidad, libertad y justicia no son sólo palabras, son una forma de vida.

De lo aprendido en la escuelita zapatista.

No había tomado conciencia de esto, pero en estos dos últimos días viendo las noticias nacionales y locales sobre la violencia que sigue lastimando al país, a este México rojo en el que vivimos, he caído en cuenta de lo que significó aquella semana vivida, la semana del 12 al 17 de agosto de 2013, con los compas y familias zapatistas.

Se recuerda esa semana en particular por muchas cosas, mucho aprendizaje, pero en esta ocasión se recuerda por la vida en tranquilidad que llevan ellos en la comunidad.

Suena increíble, pero en una ocasión de noche, al ir en una camioneta junto con varios compañeros alumnos rumbo a la comunidad de Santa Martha, lugar donde nos recibirían nuestras familias zapatistas y guardianes, miraba el camino, sólo, sin lámparas que lo alumbraran y de fondo las montañas y lo que permitía ver de ellas la oscuridad, divagaba sobre lo peligroso que sería en mi estado transitar en esas condiciones sin tener algún percance con criminales. Pero estábamos ahí, transitando esos caminos del Sur, sin ningún miedo, sin ningún temor de ser atacados o secuestrados, porque el camino estaba poblado por comunidades de compas zapatistas.

Oventic

Poco a poco y sin darme cuenta mientras pasaban los días en la comunidad me fui acostumbrando a esa sensación, a esa sensación de no tener miedo, de no estar pendiente de peligros que acá a diario en mi ciudad debemos de contemplar y tener presentes.
Me acostumbré a no estar rodeada de violencia, a no saber de gente asesinada, a no saber de injusticias en contra de la vida humana, a estar sin ese miedo profundo de que pase algo, ese miedo que no se ve, que a veces ni se comenta, pero que está siempre ahí presente, porque de la violencia e impunidad en este México ahora nadie se salva, y si no nos ha quedado claro con estos años de violencia, entonces vivimos en una burbuja.

Sin darme cuenta, en esa semana me acostumbré a vivir sin miedo, a vivir en total libertad. A no pensar en la violencia, a no verla en los diarios, a no verla y saberla a mi alrededor, ¿Por qué? porque allí no había violencia, allí había respeto por la vida, por la libertad, por la justicia, porque sí, es verdad, así viven ellos, día a día hacen justicia a estos valores, para ellos no son sólo palabras.

Ahora me doy cuenta que llegué a la otra realidad, las noticias nos lo dicen, los asesinados, los desaparecidos y sus familias buscándolos nos lo recuerdan, a esta realidad violenta del norte, a la realidad de la impunidad, a la realidad de la tranza, de la corrupción de autoridades, del asesinato, de las desapariciones, de los secuestros, de las narcofosas, de las injusticias. A la otra realidad de México, a la otra realidad de Durango.

Me acostumbré a aquella vida del sur de los compas zapatistas. Y les confieso que se sintió tan bien vivir (aunque sea por una semana) en un ambiente de total respeto a la vida, a cada una de las vidas, porque todos (si neta, todos) somos importantes. Tenemos derecho a la vida, y tenemos derecho a la Justicia.
Uno de los aprendizajes que nos dejaron es que siempre hay que luchar por la vida, la de cada ser humano, esa enseñanza nos la reafirmaron los compas zapatistas, el mantenernos firmes en la lucha desde cualquier trinchera y de cualquier forma; la resistencia.
La lucha es por el respeto a la vida humana, y aquí en el norte donde nos tocó vivir, a varios no les ha quedado claro, no les ha quedado claro que nuestras vidas no les pertenecen. No pueden quitarla, no pueden robarla, no pueden ni deben seguir arrebatándola.

Va por todos los desaparecidos, los que no están, los que seguimos recordando, los que no se han ido aunque no estén aquí, porque sus madres y familias los esperan, porque la justicia en Durango y México está pendiente con ustedes, porque no los olvidamos, va por ellos.

L.B.G.

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Desaparecidos. Imagen de la web.

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